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Nuestras Características

 

 

ESTUDIA EN UNA DE LAS MEJORES UNIDADES EDUCATIVAS DE QUITO (BORJA 3 CAVANIS):

Formación integral:

Un centro educativo ideal, según las tendencias contemporáneas, emprende la formación del alumnado desde muchas más perspectivas que la meramente académica; entendiendo así el espacio escolar como mucho más que un sitio al que se asiste solamente a recibir un conjunto de técnicas y conocimientos.

Una buena escuela, en ese sentido, persigue la constitución académica, moral, ética, física y espiritual de sus alumnos, a través de diversos espacios y estrategias propicios para el estímulo de dichos aprendizajes.

 Docentes comprometidos:

Al mismo tiempo, una buena escuela debe apostar por una enseñanza académica de calidad, para lo cual requiere de un personal docente comprometido con sus labores, con el propio crecimiento y la actualización del saber que manejan.

Ello implica también la formación en áreas pedagógicas extracurriculares, de manera de disponer de herramientas variadas para la enseñanza que atajen a tiempo las dificultades puntuales y variadas que pueda presentar el alumnado.

 La atención de las necesidades especiales:

Dado que no todo el alumnado presentará facilidades de aprendizaje semejantes, ni provendrá de hogares homogéneamente constituidos, ni ofrecerá las mismas inquietudes de índole social y emocional, una buena escuela tendría que contemplar a sus estudiantes a partir de la pluralidad, la tolerancia y la asistencia especializada que pudiera requerirse, en áreas como la psicológica, la espiritual y la nutricional, entre otras posibles.

 La colaboración entre familia e institución:

Uno de los puntos más álgidos de la escolaridad contemporánea suele estribar en el rol de los padres durante la formación de los alumnos. Una buena escuela ha de fomentar el diálogo y la cooperación entre el entorno familiar y el académico, pues son los dos ámbitos de mayor aprendizaje en la vida temprana y se verán necesariamente reflejados el uno en el otro.

 La educación tecnológica:

Si bien ciertas tecnologías contemporáneas pueden interferir de manera disruptiva en el entorno de clases (teléfonos móviles, por ejemplo), la escuela ideal no puede mantenerse de espaldas a la creciente carrera tecnológica iniciada a principios de siglo XXI.

Las nuevas tecnologías y el Internet deben ocupar su lugar en el contexto escolar, precisamente porque es la mejor oportunidad posible para aprender a lidiar de un modo positivo con ellas y a emplearlas como coadyuvante en la labor de crecimiento académico.

 La formación social y deportiva:

Una buena escuela debería contar con los espacios necesarios fuera del aula para el ejercicio y el deporte, indispensables durante las etapas tempranas de la vida del individuo, así como de áreas que fomenten libremente el intercambio social, la persecución de los intereses artísticos (musicales, literarios, etc.) y de los intereses meramente recreacionales.

 El clima propicio de aprendizaje:

Una buena escuela satisface los requisitos en materia de infraestructura, recursos humanos y clima operacional que garanticen la feliz permanencia del alumnado en sus instalaciones y que el proceso de aprendizaje se lleve a cabo sin carencias y con la menor cantidad de tropiezos posible. Es imposible aprender felizmente en una escuela en ruinas, sin profesores suficientes o en condiciones de hacinamiento.

 El proyecto escolar es conocido y compartido:

Puesto que existen formas diversas de enseñanza, la emprendida en una buena escuela debería ser pública y notoria, es decir, de conocimiento para toda la comunidad. De esa manera, el enfoque específico de la educación emprendido en la escuela contará con la convalidación y participación de los interesados.

Algo particularmente valioso en metodologías de enseñanza de aula abierta, de abordajes holísticos o alternativos a la materia educativa o incluso de escuelas para alumnos con necesidades especiales.

 La administración de la disciplina:

Pocas cosas son tan importantes en una buena escuela como la gestión justa y equitativa de la disciplina, para no fomentar la impunidad y el resentimiento entre el alumnado. Límites y reglas claras, así como sanciones justas y ejemplarizantes, acorde siempre a la falta cometida, resultan indispensables para ello.